Real-time Earth and Moon phase

martes, 26 de noviembre de 2013

Cultura masculina. Emoción femenina. Mentalidades de ambos sexos.








Amo a los hombres buenos y no veo en ellos a ningún monstruo o enemigo potencial. Quizá por eso nunca me sentí feminista a ultranza. Y porque principalmente soy amiga de la igualdad en términos de conciliación y no de enfrentamiento.

No voy a escribir sobre las bestias que no pueden controlar su instinto salvaje y pegan. Bestias de ambos sexos. Sino que me voy a referir a una cierta característica psicológica que subyace aún hoy en la cultura o mentalidad de algunos hombres y -¿por qué omitirlo?- de algunas mujeres.

Si un hombre experimenta la vivencia de estar con una o varias mujeres, en paralelo a una relación institucionalizada como el matrimonio, es un necesitado.

Si una mujer mantiene relaciones sexuales en paralelo a su imagen oficial de "señora de", es una traidora por no mencionar otros calificativos más peyorativos o banales.

Las emociones y/o necesidades de ambos son juzgadas con dos lupas de lentes diferentes. Una de ellas hace que veamos las cosas más grandes y otra de las lentes nos engaña y distorsiona la impresión moral del mismo asunto.

Si un hombre ha estado toda la vida conviviendo con su ambigüedad física, sexual o psicológica es un pobrecillo perdido que da lástima o un inocentillo que responde a sus más genuinos instintos.

Si una mujer experimenta similares circunstancias, no es porque tenga emociones y/o necesidades, sino que es una cínica, una infiel, una mala madre, una hija de p. etc.

Si una amiga "A" aconseja a otra amiga "B" a exigirle mantenimiento material a su consorte porque por algo se "acuesta con él", esa amiga "A" en realidad ejerce la profesión más vieja del mundo pero sin necesidad de ponerse minifalda y salir a arriesgar su vida en las carreteras o burdeles.
La amiga "B" se queda pasmada pensando que es una idiota porque siente emoción y amor y no exige dinero a cambio sino que solo desea que la amen.

Si una mujer esconde en su alma el menos inexplicable amor que pueda existir en palabras es una sensible digna protagonista de libros de autoayuda para controlar su exceso de pasión y/o puede ser rotulada como posesiva, invasiva, inoportuna, impertinente o incluso peligrosa. También se la puede llamar histérica o mentirosa si explicita sus sentimientos.


Hace unos días leía que alguien comentaba que en la Biblia mandan a "no desear el amor de tu prójimo" y ese alguien agregó una coda muy propicia y sensata aconsejando ampliarse o corregir: "no deberás desear el amor de tu prójima"

Muy ocurrente y oportuno ahora que el Diccionario de la RAE se dignará a corregir entradas en las que, por ejemplo, "gozar" es lo que experimenta un hombre cuando mantiene contacto con una mujer...

Me río sola recordando a un compañero de clase, allá por los años '70, diciéndome que las mujeres no tenían orgasmo porque no eyaculaban.

La naturaleza ha dado a la mujer dos cualidades extraordinarias, la de poder ser madre y sentir orgasmo y goce.
Si no fuera así, no contaríamos con la cualidad de AMAR, puesto que seríamos todos hijos de laboratorio en lugar de hijos de noches ardientes y encuentros de emoción masculino y femenino.

Los hombres aman, claro que sí...
Las mujeres tienen orgasmos, aman y desaman también.

El sexo, para mí, no es una necesidad fisiológica como la de evacuar o hacer pis.
La sexualidad, para mí, siempre estuvo ligada al alma, a una necesidad del alma.

Ojalá muchas personas en este mundo hayan logrado aunar ese grito sagrado que se expulsa del cuerpo y se retroalimenta en el alma. Ese instante, mínimo, atemporal, está fuera de toda cultura, es privado secreto, joya inalcanzable que ningún otro ser te lo podrá quitar.
Nunca jamás.

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Menudo divague matutino. Buen día Planeta. Que tus habitantes no te hagan arder de odio sino de AMOR Y SEXO, de PIEDAD y PERDÓN.

Y que nadie use tus piedras para arrojarlas y acusar o juzgar. O ejercer el negativo arte del cinismo y la hipocresía.

En el peor de los casos, que cada cual intente apartarse del dolor, de las ausencias, de las decepciones con una ligera sonrisa en los labios y una buena boina calada.

Sin mirar atrás y dando aire para que escampe el desasosiego y pueda acercarse cada vez más al sol, al horizonte impecable de la honestidad y la nobleza. De la sinceridad.